domingo 16 de agosto de 2009

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Me iré callando, hasta que rebroten los ecos
caídos del desgrane hueco de los sollozos
que nos unían como el hilo al collar
a la existencia donde tiesos, duros, enamorados
nos revolcábamos con la tibia nada

me iré callando hasta que quede el grito del río
y el rugir de un silencio blanco arrastrado,
perdido de pieles entre ojos que buscaban hogar
e iré escondiendo a la muerte que llega
en visita limpia entre los enmudecidos

iré callando como las viejas tormentas
susurrando truenos de belleza y tempestad
a la deriva de hilos finísimos donde cuelguen
moscas y brillos del polvo del mediodía
brotes del alba y barro atascado de noches

Iré dejando lugar al griterío absurdo
porfiado de telas engrampadas y sedas brutas
caídas en retazos de parches donde,

desnuda
la verdad se nos desvela en bailes de humo y sexo
y nos deja insistir en olvidarla a cada instante
taparla de bocas ajenas de aromas
llenarla de contenido con el aire extraviado
de los sonidos suaves de la imaginación
donde se acaricia suave la madera pura
que se suspende fuera del tiempo

y el resto como una pesada marea roja
(el aburrimiento y la furia, el ruido)
reposa suspendido y hace acústica
a los chasquidos hermosos, a los balbuceos
que llenan el silencio de mi callar.



miércoles 3 de junio de 2009

de los hartos







eran amantas de la pura nada
libre de sus idas
idas ya
a la caída partida

eran

azabaches arrabaleros arcados de precisión
atronados en las piernas pulposas de una muerte lujuriosa


apenas ella desvirgada
apenas envejecida

repetía

vivan mis piernas enfundadas
vivan mis flujos de vida

apenas se movía
apenas gemía
si eran retazos de cuellos

partidos eran tensiones en tungstenos viejos y mamparas


todo mamparas era puro reflejo opaco el suyo
le tapaba, le acobardaba el surco de sus muslos y el hedor de sus pliegues
vivan los interfluvios míos estancados en reminiscencias de algún deseo

tapábamos nos tapaban y no se nos veía un pelo solo
se nos veían ojos empolvados de mañanas que partidas

no llegaban

si eran idas constantes y reproches febriles

eran

mujeres eran tal vez eran hombres adolescentes
impúberes se tocaban solo para caerse un segundo
y sentir un vértigo mínimo del trémulo estar de su vacilación
al respirar al erizarse y morir pequeñeces, morir azabaches
los arrabales podridos ya como duraznos agusanados
en las piernas secas de su tiempo

de su condena


si era arte de los hartos de estar en cuerpos como niñas que se quejan
y sueñan y entregan sus blancas piernas blancas a los mares
que no las violan nunca que no las abunda
las abandonan en un rugir
donde las nubes negras no muerden en gotas ni la poesía permite la piel
que tense sino más bien que muera o duerma

lo mismo daba ya

viernes 8 de mayo de 2009

Formas

Andróginos corpúsculos de arcilla
(plastilina, diría la vieja)
se guardan en su olor a arcilla libres de pecado
el vivir y el actuar
como el carozo podrido del duraznero
derruidos con el mango del martillo
deshechos y acumulados
como cáscaras de nueces
sus cuerpos muertos en la ceniza de la palabra fascinada
y la reminiscencia del alma:
los dos en una tinaja,
(una pelela) de lata de acero viejo, oxidado
el corazón naranja se iba, despacio, como el flamenco retorcido
al pico blanco dibujado y las escenas de calor

estúpidos desbocados se lanzaban gruñidos, gemidos,
se lanzaban zarpazos
a la vera de despertares avenientes, al refugio de las agujas
que abrían tierra en los mapas al lugar preciso
las coordenadas, el silogismo
“no diré de barcos, ni hablaré de amor” suponía (balbuceaba)
“me callaré”, respondía, “si es que caigo en cruz si es que me lleva una muerte
pequeña” (como si hablara francés)

se deshacían, luego, partían

uno veía las aristas perdidas del otro patinado en el tiempo como perdida

uno veía al otro como sí, arrojados de sus durezas pegadas,


el suelo se deshacía

como la posibilidad volada de dejar de ser y a la vez volver a los seres,
en las sucesiones,

la distancia posible

jueves 23 de abril de 2009

de domingo

olvidable desbaratado
la cancioncita tarareaba sus mojaduras
en café sus medialunas
cuarto creciente el sol robaba
brillos a los adoquines a las gomas quemadas
a los olores

olvidables liviandades
es un pedazo del alma
que se arranca con los dientes el momento
atraviesa el cuerpo acaricia
y parte desgarra penetra
es la gota pesada llevada de sudor
es la enormidad de la muerte que se esconde
en la nada del instante
en el abismo del segundo
arrastrado a la caída oscura que ennegrecía
tras lo pinos, tras la peña,
la aguja

olvidable era olvidable
la baldosa partida en la vereda, la ciudad
traslúcida, olvidable, la calle en ochava
el silencio de un asfalto el tren
no llegaba
olvidable
el lugar escondido
donde caiga la lluvia donde crezcan flores
perdidas el día el desvelo
la noche avenida
ancha la salida olvidable el mapa
la piel abolida el chirriar
partido helado perdido contraído resquebrajado

los durmientes
te dejaron sola
abría el silbido como un compás
el pecho de tu quietud
embriagada del beleño blanco
en las pupilas abiertas
enganchada con el alfiler
el bosque de hojas caídas

en la mañana la memoria
en el día los repiques
y las pisadas en línea recta.

sábado 18 de abril de 2009

Elegancia descalza

sobre la huella la huella de curvas
que se enciman que se apilan que se pliegan
sobre otra la una la piel
de dedos que tocaban el barro
entre gotas
tocaban
que rodaban eran
la brisa amanecida,
caída
al río y los esquejes brotados verdes
sobre madera
verdes
sobre astillas sobre
amarillo

entre cada parte una noche una estrella
como el ombligo como piernas el surco
hendido
el surco hundido entre omóplatos
hasta la espalda
hasta los pies
secos que bailaban
hasta las plantas la tierra hasta las raíces
con elegancia fangosa de lluvias
olores
como el momento apenas ido
como llovido
que parece como se pierden a los cielos
o los mediodías

la sombra de un sauce
paredes de piedra eran
a la cintura
deslizada entre sentidos y claridades
eran tiempos llovidos en el desierto
en arenales de cauces secos
la palabra perdida
el deleite
de revuelques y de quietudes
y el perfume vaporoso de los cuerpos tendidos
que aún respiran.






lunes 6 de abril de 2009

A propósito del camino


Hemos de quemarnos
sino
con el momento ido de pálpitos
con el silencio entre la inhalación profunda
y el soplido, y el suspiro
el gemido ahogado de olores a cuerpos
enterrados en venas de plata de minas
saqueadas, las minas, hundidas
con los ríos de mercurio, los dedos

hemos de incendiar entre sus puertas,
los marcos, los zaguanes
las pilas gastadas, los pilares rotos,
el grito partido por el hacha
de los segundos, los atropellos
tirados al mundo revolcados en asfaltos
y plástico derretido, tirados
a las olas de vaivenes y desprecios
caras que se llevan las ventanillas
y se ahogan en nuevas jarras de formol


Se fueron, dijo,
gastando las yemas y las huellas
se fueron,
encerrando las sangres, los amores
el olvido de las raíces que acuchillaron la tierra
el desprecio de los frutos que recogieron nuestras manos y se llevaron
se fueron,
llevándose el torrente de río y las semillas
se fueron y nos quedaron,
dijo,
buscando olvidos y cielos
para recordar las pisadas descalzas que nos trajeron nuevos
lejos del camino.

domingo 16 de noviembre de 2008

hacia desde

¿de nosotros, la piel,
la tocaré, era, y se llevará
como gotas saladas una lágrima,

un sudor
al borde de un pozo seco

el camino de vías eran madera de quebracho
que rebotaban las luces
los durmientes y las uñas
arrancándosenos las pieles se llevaba el sol a la noche
y la luna chupaba sin piedad
el hedor de los cuerpos que se encuentran

estábamos desnudos con sus ojos
ahogados en reflejos de mares y espejos partidos
estaban yéndose en pliegues de humo

estábamos llenos por una palabra un silencio se llevaba
las arrugas del árboles, los llantos del sauce,
se llevó tus rodillas a una reminiscencia imprecisa
se llevó tu alma arrastrada entre muertos
y cadáveres de rosas oscuras
para meterla sin tapujos en la luz el olor
el gemido llevado de placer
en una respiración cortada en tus piernas tocadas
por las puntas de los cuchillos y las marcas tatuadas
de arabescos círculos y cruces
que lloraban la muerte de dios
y festejaban la raja en los cielos
que llevaban a otra voz las palabras
que han de quedarnos como recuperación
de los momentos idos en barrancas de claveles oscuros

y troncos fríos en vida, las manos de algún padre
el mundo detrás del sueño, posible,
los dioses se bañaban con vapores
avergonzados de nuestros cuerpos tirados
y restos de orquídeas se iban las miradas

hacia algún atardecer, hacia una nube
entre las piernas mojadas en el pantano
cayó la tarde y prometía noches
de toros sedientos de zafras de yerbales
donde revolcar las estrellas
perdidas como bengalas a la vera
de los huesos blancos que te nombraron
en el espejo de sus colmillos ?

jueves 6 de noviembre de 2008

La ventana

Se tropezaron las vainas híspidas de un lugar
y humedad, la quietud sobre baranda
y el revuelque de perfumes y de barro
en yema insolada
de un trago de bombitas quemadas y vendas torpes

había un olor,
de muertos perfume y tela mojada


abrí la ventana que se va el olor, el hedor
de los tiempos que venían como cajas de cartón
sordos sobre los huesos curiosísimos
de sueños, se iban las almas
y se llevaban la lámina blanca
con el resto

ha desaparecido sobre el olor a pintura,
ha manchado las perplejidades y el azulejo
con la piel de cuero crudo,

no he de durar
ni el lujo, de la voluptuosidad
en un paso
que si nos conocemos en un mundo
sentimos desde otro
y nos trae libre de motivo el llorar y reír
que recogemos como un fruto tierno
y mordemos entre olvidos y huídas
por la misma ventana, tal vez, que permitió
incómoda, su intrusión.

a un estimadísimo amigo

viernes 17 de octubre de 2008

La resbalosa

¿había sido una dicha de gotas frescas y un olvido?
será que en la soledad nos curtimos de curtiembres será
una baldosa
y baila la resbalosa
voy
con el pie en círculos

sus animales, hablaba de ellos como fuego,
y sus colores,

voy como el aire que lleva niebla y golpea el rocío

baila la resbalosa

decía lo que callaba su silencio blanco me decía
curtidos de soledad y tristes de curtiembre triste y alegre
con desconsuelos, albas y anillas; con lunas enteras

placer en los párpados de sueño arrastrados de olvidos
partidos de rodillas
es mi lluvia es mi llanto mi nada
que se agolpa en las manos
que ataron sauces en otras lenguas
otros aires
y resbala la resbalosa baila
quien arrancaba remolachas y corazones
miraba sus manos las suyas de él las mías
las entendía en un golpe y en otro las perdía

el cuerpo tendido, los cuerpos, son vapores
de los desnudos
y los que patinaban en barro
quienes avergonzaron los dioses y los duendes
sacaban sus lenguas, regalaba sus bocas
ella

era un recuerdo, ¿un primer hombre? ¿un mono?
¿una mujer?
entre los cuerpos, las flores, los cadáveres
rosas
entregaron sus piernas al mar
y se llenaron con las gotas de los abedules

¿soy muchas? le preguntaba a su nombre
que se alzaba sobre mi nombre
y se apoyaban y se tocaban a escondidas
de los ojos partidos
de los ojos de polvo dijo ella
de los ojos de pájaros, le dije,
de papel duros de nacimiento
perdidos en inviernos bajo nieves
que esperaban entre mantos corolinos
donde las gotas transparentes se deslizaban
se estrellaban en la arcilla

resbalosa iba, bailaba,

¿la mojaba el rocío? ¿la lastimaba la mañana?
¿la llevaba el tiempo de un mundo
en el mundo de otro mundo?

se doblaba de tallo como la flor
que espera la abeja
y arrastra los colores como olores

no decía ya: voy

estaba donde venían sus ojos
que se llevaban las yemas de mis dedos
donde venía mi voz.




para la plantita de dios

jueves 9 de octubre de 2008

Más valdría...


Y dije por decir de a mano, como una espátula
una cuchilla mi lengua con lo que tuviera a su alcance
y encontró la muerte

y la nombré
con el paso de los segundos detenidos en alguna niebla
la mirada penetraba los momentos enteros
y manchaban de tibieza de sangre su cabo

hablaba de la muerte entonces
hablaba de las voces roncas y las mesas manchadas
de grasa de los pasos las barras asadas
corte de calidad y pastos pelados, de los dientes
masticaban decían en sus molares había restos
había un silbido de inocencia arañada
tocada penetrada estaba ancada sus piernas había rabo
dicho de bailes se iban las mareas al revés en las palmeras
¿eran ellas?
se quemaba el mediodía

se revolcaban las gargantas
brutos sonidos palabras decían
“No nos alcanza”

Y si es que nos juzgaran desde las alturas
con las manchas en el pecho y los dedos con pellejo
sería torcer y tragar lo que resta del aire
y esperar del olvido una vuelta en salto
para llevar al polvo algo del paso de la mano sacudida

y al estómago los brillos barnizados con bordes de huesos.

martes 7 de octubre de 2008

Un depertar

Se ríen del rostro en el ojo la legaña de mañana punzada al sol
y arriman a los vientos el vuelo de los panaderos
dicen buenos días, dicen que traen polen o algo
y llevan por entre las puertas abiertas oblicuidades
de luces y reflejos de madera y restos de polietileno
en plásticos rojos, marcas al agua y agujeros
círculos sobre círculos sobre espacios redondos
bolsas blancas de supermercado que crujen
sobre el frío la mañana los pasillos se continuaron
en ventanas que rebotan las tardes arrastradas
y el resto de humo contra los labios en el buche
se abrieron entre los dedos las membranas
ojos de sapos desparramados por el piso,

no los pisaría
te comería las plantas de los pies

y las rodillas
dijo el muñeco que marcaba la hora con sus brazos
dijo las agujas que mancharon las sábanas,
¿era baba? . . . . . . . . . . . eran del diablo como arañas sueltas llenaban de huevos
la tarde las rendijas y las vetas juntas

a los reflejos los deformaban
un grito
y clavaba las vocales con la punta
no sean tuyos diptongos a la mañana y sean suaves
los restos manchados que te llegan a las manos
y un pelo partido erizado de frío
te tocaba la cara y te raspaba

te gustaba
¿mordía?
tragaba nada más y trababa
las piernas quedaban caídas
y se pegaban las pestañas; ¿contagiaba?
Mucho
Buenos días


miércoles 17 de septiembre de 2008

Han llegado - variaciones *

y no
no destruiré mi boca que hoy ha llegado la noche
querida
y carga a cuestas, de hombro,
la muerte
consuelo
ha llegado
ha llegado la noche, consuelo
y hará temblar las pieles querida
erizadas de blanco
ha llegado el viento, noche,
ha llegado el desgarro
consuelo
Ha llegado la noche, pues,
han llegado los bríos, ............. querida
han llegado los ecos, consuelo, de los bordes, querida, del pasillo la muerte
han llegado rebotando como sapos,
consuelo tras la pared, de desconsuelo los bríos de calle, de noches

de días blanca consuelo la muerte,
querida............. la boca............. ha llegado
del hombro, los dientes, querida
que han llegado como piedras al camino
consuelo, ............. que estábamos próximos, muerte,
rebotaba cercana,

consuelo,
íbamos a la noche
que ha llegado, vida, a la muerte que nos ha tocado
con agujas y cuerdas, querida, nos abría el pecho de la noche
, muerte,

nos ha tocado, querida

Y no
no me colgaré de la mandíbula que ha llegado la muerte
consuelo,
y nos saca las voces querida y nos revolcamos consuelo
, nos revolcábamos,
nos amontonábamos
muerte, nos tocábamos
la vida, consuelo, nos tocábamos querida

nos resbalábamos en la saliva,
nos amontonábamos y nos mirábamos querida
vida, nos tocamos querida, nos mirábamos consuelo y nos tocábamos

en la saliva que caída caía la saliva por la línea querida
de los azulejos consuelo
que nos cortan vida, que nos parten muerte
nos tocan, blanca, muerte nos daban
carne era, eran pieles y saliva, era
que mirábamos, querida
nos íbamos a los montones, nos amontonábamos
de noche vida, noche
llegada
a los dientes, vida
noche llegada a las encías
querida ha llegado la querida decían

¿me tocará la querida, consuelo? decían
preguntaban, vida
¿sabían de la vida, muerte?

sabían que caía la vida con la muerte, noche
que sería la saliva que tocara que manchara
noche
nos dejara vida, ............. manchados

y no
será la suerte de muerte, vida, blanca de consuelo,
blanda, la vida, noche

la muerte blanca,
será la saliva

, ............. consuelo,
será la vida............. el pozo............. pesado

dientes de encías sería
la noche decían sería
como zurcida decían
noche de muerte de vidas, consuelo
¿me tocaría, sería?

vida de encías me entregaría

ha llegado el silencio





* Basado en "Mirá quien llega consuelo" de Gabo Ferro

sábado 13 de septiembre de 2008

Las haraganas se revolcaban como orugas


las haraganas habían sacado de sus pliegues las ramas
con plumas habían sacado para volar desde el sol habían
hecho su noche en el aceite pegado de la espalda
llevada por el viento a los vientos las haraganas
con placeres de flores caídas sin estambre
con el lujo del colmillo guardado en la boca
¿de los lobos la boca de sus pelos la boca partida?
de la promesa vieja eran las haraganas las manos las pieles
y los olores en los brazos doblados sobre la espalda quebradiza

¿es usted mi pescado pescado?

no me revolcaré entre tablones de botes sin motor,
orgullosa decía

¿es usted la lombriz que mastica la tierra en las vísceras de mi panza?.
no soy de su la nada que vuela como la lava que lava la tierra que rueda bajo
/los ríos
soy de la nada la amada que entrega sus telas a la margen izquierda
de un colchón desplumado y estrecha las botellas vacías con paredes
/atornilladas
con las cáscaras salidas de pinturas y el perdido en humedades entre los fríos
/los calores
caminaban como pulgas saltaban soy

en la palma de mi muerte la mano que tocará el consuelo

que tocará tus piernas y te hará gemir en tu garganta quebrada sobre los
/azulejos
dirás
sería como deslizar la cabeza sobre la ruga
de fósforo rojo y cuerpo de madera

decía la haragana maldita, la haragana desalada de despechos
decía y apenas creía su lengua, yo, su boca, como existía

y la mordía con el serrucho de mis dientes y desaparecía
y deseaba yo,
desaparecía
en el atardecer con las lagañas quebradas de los días partidos
idos ya por los cuerpos que dolían
y la espalda y las piernas
las haraganas se revolcaban como orugas
idas a las alas de aceite y plumas iban,

a morir
en consuelos las haraganas se habían quitado los talones,
y mordían los hombros en los ojos partidos
y deslizaban la punta de cabeza de fósforo

como caricia de chasquidos apagados de chispas florecidas.

lunes 8 de septiembre de 2008

Retazos de...




El vestido se había mojado
se había corrido con las gotas de lados
y la lengua era húmeda que tocaba
y se tocaban entre satenes de un color
lleno de telas de araña la mordía
la desdentaba de sangre que dejaba correr por su garganta

una canción era
de las agujas era cuando punzaban las pieles
y las aguas de salivas limpiaban
que decían,

entre los párpados
se escondían
cuerpos insertados de otros cuerpos insertados
estaban

en sus palabras
en sus voces,
cantaban

eran cuerpos pues que rodaban

manos brutas y codos que golpeaban las narices
eran de sílice de arena que escurría el agua de marea de tormentas
era

una noche vacía de tubos
que se tocaban y decían frente a los azulejos
una pierna, piel una mano, tengo frío
tenía luego de su nalga la tapa blanca, tenía frío
el pelo una mano uñas y el olor
al espacio dividido en miles de páginas superpuestas
entre su nombre y su piel

y las caídas
como serruchos viejos y desdentados

cuerpos insertados de otros cuerpos insertados
en palabras,

la noche entre los dedos
rodaba y se rasgaba con el clavo

y llegaba entre las enredaderas a las piedras
salidas
se acostaba con el vestido de costado
mojado
que llevaba el viento
y dejaba que se corrieran los breteles
y dejaba que subiera su mano
su pollera
mojara sus piernas la gota de tormenta

de noche
y ni silbaba ni gritaba
se buscaba en espejos de los techos
se buscaba en las uñas tras las yemas

en los pellejos tras las uñas,
en el reflejo en la piedra
del rojo de sus vestido doblado
de su vestido mojado.

viernes 29 de agosto de 2008

Pliegues y Derrames


Boquitas diminutas incómodas
reticuladas de esporas albuminadas
retozan sus retazos del hilo finísimo
penetrado de una pestaña
que parte y raya el vidrio de la uña salida
llena de sangre entre los pellejos de niñas
avergonzadas
primerizas del diablo que las llevo mujer
y se lavan con las sales del mar
las piernas tapadas de espuma

Soplan las plumas de los cartílagos
de las alas que daban sombras a las prótesis
encastradas con mango seco de madera
vieja y podrida la leña de los trocos
caídas en lluvias de aserrín para
tierras húmedas y tapadas de limo
de palmas rojas por el golpe del cuero

los hermanos se miraban bajo la paja del techo
y manchaban como primos las paredes de barro
en los derrames de sus ojos había lágrimas
contenidas
entre la costillas del cadáver colgando
de una chiva vieja y chala de maíz duro

tapaban con tierra nueva su inocencia
con dibujos en paredes blancas de marcador
de fibra gruesa palitos eran hombres y mujeres
y buscaban por los pasillos la ventana y la vergüenza
de sus ancas sentadas sobre pliegues de lana
había un clavo de costado que había abierto
la media negra y los pelos de pierna

¿Estaban manchadas las mano?
preguntaban llenos de arcilla con agua
y los ojos descansaban el hedor de la transpiración
entre azulejos azules sobre el reborde de cal
que dibujaba pésimos cuadrados
y llenaba de cuerpos de tela las gotas
de ducha mal calentada y termotanque viejo
que prendía y apagaba el invierno
a intervalos permanentes de gas escapado
sobre narices que caían en muertes gigantes
y muertes pequeñas con las venas llenas de sangre
rojas estaban rosas sus pieles a destiempo
de juventudes viejas y desnudos atornillados
en punzones sobre el corcho de la pared
como una foto de vacaciones amarillas
que se iba en la saliva retenida de sus bocas
de un caramelo de fruta que ya habían tragado.

miércoles 20 de agosto de 2008

...

-

Hay,
hay por los cielos mujeres rotas que lleva el viento
como a los pájaros de papel
reflejados en astillas partidas de un espejo
que las arrastra como panaderos de un deseo
en el aliento de una boca
que fue promesa y fue nacimiento
del miedo arrastrado por la arena

de sílice
los reflejos, como fuego,
que ardían con las palmeras y caían como las palmeras
cuando prometían su fe agarrada de la mano
sobre el manto blanco de su mano banca que tomaba
la fe agarrada de la lluvia
con su mano
sus pieles brutas irisadas
como caídas, aquellas, entre tierras
las rodillas hechas añicos
junto al cuello y al polvo de sus huesos
los huesos
de ángulos de otros gritos



si me chupan como sabe mis pieles saladas y amargas y arrugas de una mancha desnuda y avergonzada
ya gritada
¿es la marca de la mancha de mi nacimiento
? le pregunta ella

si hay espejo
y miró al espejo
hoy,
cuando ardían las palmeras
y el viento llevaba cuerpos por la tarde

caída y acostaba
dejándole la hoja plateada
a la noche que haría con ella
alguna inocencia y tocaría
y tendríamos miedo, pensabas;
¿decía en la punta de un grito

lo hermoso
como una mordida profunda,
entre el olor tuyo
de los míos la mimosa

arrebatada de piernas flacas, ella
en la arena en el circo en la noche en la luna
como el semicírculo mordido aquel de lo terrible?


Hay,
hay mujeres rotas que arrastra el viento
y flores que quedan en el suelo,
nudos en las hojas caídas
y panaderos que vuelan
como pájaros de papel
con las alas quemadas
y el lomo pintado de naranja
como una línea entre las hojas secas,
cuando queda clavado como una muerte eterna
el fuego de las palmeras que ardían
tras su cuerpo desnudo

martes 19 de agosto de 2008

Quizás los cuervos


La tuscas se quemaban,
en cada rama separada
desde la base,
hacia los lados como miles de brazos espinados
se quemaban
los dedos negros bajo el rasgo de uñas
que no llovía
decían
no había llovido
por meses
por años
de langostas
agrandadas escapaban a los espinillos y mordían el palo blanco
de hojas de algarroba y caminaban
por el marco apenas despintado de la puerta

quizás los cuervos
sean
dijeron de los pájaros altos
y se irán los mas pequeños
a recoger los frutos en verano

las tuscas se quemaban terriblemente entre dedos negros
que mordían espinas finísimas
descalzo
en la tierra seca
olor a cenizas de carbón de madera de quebracho blanco
y frutos de mistoles decían,
los chicos quieren frutos de mistoles
y tosen del veneno que cae en aviones,
y toman el agua salada
con cenizas oscuras
mientras se escondía el bicho entre las plumas
de la gallina
que no había sido degollada

quizás los cuervos
sean
dijeron de los pájaros altos
y no escuchaban a cristianos entre los montes
ni los pasos del aguasuncho

del desmonte la madera y la tusca ardía
como pava quema negra de hollín sobre las brasas
sobre la arena y atardecían
remolinos secos de invierno
y leños tirados a pozos largos
negros
quemaban las voces las tuscas como ramas
separadas
como brazos
como miles de espinas
retorcían el grito de nuevo las voces
y deshacían
los cuervos quizás
el tronco ahuecado
el cuero estirado entre la paja y el barro
de un pecho vacío

martes 12 de agosto de 2008

"Ni entendía el profundo carmesí de la rosa" *


.
¿Y si nos comemos al mundo?
¿Si pasamos nuestras voces como lenguas
por las aguas saladas y los dientes de león
encaramados de ayunas y lluvias de yute

con cáñamo candados de cándidos canelas crispados?


¿si dejamos mastiques de macollas demacradas en las muelas
que muerdan de hormigas viejas los cristales de azúcar?

Dejamos que el silencio se llene de gusto a tierra con barniz
de arena de azúcar impalpable el tiempo de maicena

Y me promete una boca de bermejos gratinados

¿Donde estarán nuestros pies mordidos
y sus alas carcomidas entre los dedos?
Si no alcanza decir, si no llegan los vientos
el crujir de las hojas secas derramadas por el otoño
le sople en la frente la caricia de rocío

¿Y si penetramos al tiempo?
Si dejamos el abdomen marcado de dientes
y los lobos sueltos en el frío del fuego
de un pozo nuevo lleno de inocencia y desnuda
la muerte, la nada de los pasos
enclavados en la distancia olvidada de tus ojos blancos

habíamos querido tomarlo del cuello entre la oscuridad,
habíamos pensado en quedarnos
y prometernos, de nuevo, bocas rotas


Si nos acostamos con la noche y
acariciamos su tela corroída y dejan las arrugas
de mis manos viejas que bailen las costillas
de sus inhalaciones y temblores
de tus temores de noches apagadas y vientos sin calor

de vientos sin agua
vientos sin frío



En un cuaderno de noche cerrada


te escribí;
“¿Dónde está la voz que no llega
cuando acobardamos la boca
por miedo al ridículo?”
















* el título es un verso de William Shakeaspeare: Nor praise the deep vermilion in the rose


domingo 10 de agosto de 2008

Extrangeros somos

-
Mujer de Bulgaria
habla en tus dientes
Tu lengua habla de tus dientes habla en tus dientes blancos
chispas
salidas de tu lengua húmeda
chupa la piel de tus pómulos mojados
mujer de Bulgaria,
lloran las piedras tu lengua tu idioma lloran
mujeres viejas
de pañuelos verdes
mujer;
gritan las palabras de tu silencio
que está lleno del viento entre las carpas
de fiestas de colores,
mujer,
de Bulgaria tus dedos manchados,
los velos manchados,
años sucios,
los tuyos;
mujer de tus ojeras en ellas nos quedamos;
retina negra reflejaba flores muertas,
cadáveres de tu tiempo
entre maderitas delgadas
te abraza la blanda te toca la blanca te desnuda
te toma la blanca mujer de Bulgaria,
te amarra, mujer, te sacude,
me seduce,
mujer
que has derrochado tu sangre
para manchar las telas blancas
los tules tus velos,
y has dejado al páramo, mujer
las hierbas secas
de escollos resecos de pieles resecas,
mujer,
de Bulgaria, mujer;
me seduce usted y
aún no ha mostrado la hoja
plateada mujer
ni ha sacado la luna
del bolsillo sucio de su pantalón
mujer,
tocada bajo la pollera
blanca la pollera de mujer
de algun lugar
¿existe Bulgaria?
tocada bajo la pollera blanca
tocada las piernas
mujer
doblada la pollera entrada tu piel
tocada partida, mujer, en sábanas blancas
te acaricia,
muerta,
mujer
blanca búlgara mujer partida,
acuchillada entre las piernas
mujer




nos íbamos





(pura indecencia de valet)




jueves 7 de agosto de 2008

Mal de chagas



Serás de la arena cuando calla
la piedra echada al río y se desvela
entre las noches de espumas
de la mareas secas
enamoradas de la luna

estúpidos, grita el grito de la gallina
del pescuezo partido a mano limpia
seremos inocentes si seremos inocentes
y la punta del vidrio hirió sobre el ojo
y escribió el párpado con el silencio
de las nubes sin lluvias contra el viento

cayó la noche,
eran ojos de luna
que no lloraban

Abrió sus ojos el niño enfermo
nacido entre pajas de rancho
la cucaracha le caminaba el brazo
y quedaba hinchado el corazón
revolcado entre sus ojos blancos
el juego que traía en sus manos

las aves grises
vienen buscando un alma

y se callaron

Se enamoró entre las chapas
oxidadas
del olor a muerte tibia,

donde se salvarían sus dedos desnudos
de las langostas frías,
y cerró sus ojos buscando
permanecer
en esa noche
.




miércoles 6 de agosto de 2008

Fuego


)
Versos truncos caídos
en papeles amarillos
y ojos blancos

bordes quemados ya por el fuego
(

Hablábamos...

Hablábamos de amantes entre las espumas
desterradas de su vigilia alargada de pozos mal tapados
tierra fuego ceniza de arena al aire, un alfil partido
en sus versos coníferos con sangre de abedules
hablábamos de muertes empitucadas con medias de red
y las pieles pesadas de arrugas se daban un beso entre los dientes partidos
mordían sus vísceras de animales desterrados de llanuras póstumas
de seseos con aliento a cigarrillo y desnudas plateadas

(-¿y si hacemos el amor?
- entonces estará todo todo en juego –en riesgo-)
- y sí nos tocamos con la lengua en la columna
- entonces gritaré de placeres, de placeres
hablábamos de un hilo sin tiempo arremetido
caballitos de madera con crines de pelos
y olor a tierra entre tejidos de lana
a sus cauces de vientos de hojas de atardeceres
de colores ciegos
que un niño ojos de luna se arrastraba por flores de maíz y campo de lino


Hablábamos del hálito perdido entre papeles marrones
cuadernos de ojalillos blancos entre las yemas
clavados como hojas de acacia negra
en bolsas de madera donde crujían botellas con polvo
hablábamos de un café cortado con la punta de tus dedos
llenos del violeta carmesí pintado de las cosas que nadie miraba
y nos repetíamos como gansos
nunca tuvimos después
después
tuvimos
nunca
hablábamos la lengua de los fríos entre las piernas
que lamen las impudicias y refriegan la fragilidad de sus gemidos
que se dejan atravesar en al noche,
indecentes imperfectos en sus frentes de sucias
adolescentes que jugaban a hundirse desnudas con las olas de las primeras mareas

Hablábamos de lluvias de enero, de frentes de tormenta
entre las tensiones de los rayos que no hacían tierra
de empapándonos en el tiempo caído de las gotas caídas de los árboles caídos
hablábamos del lino pálido, de las máscaras arrugadas atadas a trenes
y jugábamos a los trotamundos entre los valles quebrados
de las risas olvidadas de revoluciones sin estrellas doradas
cuando los puentes levantaban sus faldas
y los caracoles trepaban por sus pilares de piedra
Hablábamos de ojos que callaban, ¿a quién mataban?
ojos que lamían de la luna que intuía sus cuerpos acuchillados,
y hacían sus bocas por la dislexia de sus lengua
cuando anochecíamos entre cables enredados en mis pelos
-Buen día por la tarde- me dijiste
- buen día por la noche- te dije.

Era un dibujo en papel arrugado de letras de palabras que se dibujaban,
que se delataban
que caminaban entra las cabezas de los fósforos y
era la esperanza de que nos dibujásemos los ombligos
para que rodaran naranjas entre los cauces de las espaldas
lejos de cada ojo
y acariciadas con el fulgor penetrante de la mirada.

Era deslizar una tela suave por tu hombro
y morderte el cuello con colmillos
de polvos viejos de palabras dichas a la marea de los ocasos

(todo es partir
en el arte de morir,
todo es temer
sobre el juego de caer)
donde entregaba mis costillas a páginas con la sangre de un cuaderno
y penetraba las piernas de los mares
por el amanecer de la garganta
hacía frío, de viento;
temblábamos
(todo es destiempo,
en el curso de los ríos)

Hablábamos de una voz de dedos arrugados de años que temblaban
por mojarnos como estábamos,
nos íbamos a mojar, susurramos
de todos modos nos mojábamos ya
(y las guerras caídas como aviones caídos de los troncos de los sueños caídos)
amanecía en mañanas imprevistas
donde caían las alas por un lamer de tinta
el ojo quieto, el ojo quieto
maquillado de impenetrado
y la muñeca descosida de su nombre que entregaba su boca
a la ocasión de los aires
y regalaba su lengua a la perplejidad de las voces
donde bailaban los cuerpos sin querer;
como se miraban arrastrados por los ríos.
Hablábamos de un pájaro de papel caído en pleno vuelo
disecado de nacimientos prometidos
en mundos corrugados de cartón
(¿o era él que nos miraba y nosotros los que caíamos?)
pañuelos en cabezas en caravanas en gitanas en carreteras en perspectiva
de fuegos de desnudos que se miran
que se tocan que se miran
que se besan que se tocan que se miran
que se entregan que se tocan que se desean que se miran
que se entregan
que se penetran
entre el agua que corre entre azulejos partidos
cuando tiemblan si tiemblan; cuando hay viento si hay viento
(y hay viento incompleto)

Hablábamos de señoritas que bailan con sus niños que cantan
cuando la selva salva los cuchillos
y los cadáveres de las flores negras que ni hablan
no me hables
no me digas
no me hables de los vientos, que de los vientos no se habla
y de la risa de sus manos de sus tiempos de su respiración vieja,
la entendíamos en el silencio del circo
cuando te arremangabas tus pieles de telas que muestran
a la luz oscura de la noche que atemoriza por su delicia
y sueltan los ríos quienes escuchan las caídas
sacudida por la boca de los mudos
y humedecida por la lengua de las voces
entre los dientes de león
desafiantes de nuestra inminente quietud

donde colgábamos las cabezas para jugar a los descerebrados-
donde nos sacábamos la ropa para jugar a los pudorosos
donde nos tocábamos las lenguas para jugar a los viciosos
que se encuentran en la tierra húmeda
y se revuelcan en las gotas resecas
de las sacudidas de una boca
que muerde el cuello
Hablábamos de amantes, pues
y perdidos entrábamos tras el vidrio
a una pulpería lejana repleta de botellas vacías
y pedíamos café;
luego, el universo.