desterradas de su vigilia alargada de pozos mal tapados
tierra fuego ceniza de arena al aire, un alfil partido
en sus versos coníferos con sangre de abedules
hablábamos de muertes empitucadas con medias de red
y las pieles pesadas de arrugas se daban un beso entre los dientes partidos
mordían sus vísceras de animales desterrados de llanuras póstumas
de seseos con aliento a cigarrillo y desnudas plateadas
(-¿y si hacemos el amor?
- entonces estará todo todo en juego –en riesgo-)
- y sí nos tocamos con la lengua en la columna
- entonces gritaré de placeres, de placeres
hablábamos de un hilo sin tiempo arremetido
caballitos de madera con crines de pelos
y olor a tierra entre tejidos de lana
a sus cauces de vientos de hojas de atardeceres
de colores ciegos
que un niño ojos de luna se arrastraba por flores de maíz y campo de lino
Hablábamos del hálito perdido entre papeles marrones
cuadernos de ojalillos blancos entre las yemas
clavados como hojas de acacia negra
en bolsas de madera donde crujían botellas con polvo
hablábamos de un café cortado con la punta de tus dedos
llenos del violeta carmesí pintado de las cosas que nadie miraba
y nos repetíamos como gansos
nunca tuvimos después
después
tuvimos
nunca
hablábamos la lengua de los fríos entre las piernas
que lamen las impudicias y refriegan la fragilidad de sus gemidos
que se dejan atravesar en al noche,
indecentes imperfectos en sus frentes de sucias
adolescentes que jugaban a hundirse desnudas con las olas de las primeras mareas
Hablábamos de lluvias de enero, de frentes de tormenta
entre las tensiones de los rayos que no hacían tierra
de empapándonos en el tiempo caído de las gotas caídas de los árboles caídos
hablábamos del lino pálido, de las máscaras arrugadas atadas a trenes
y jugábamos a los trotamundos entre los valles quebrados
de las risas olvidadas de revoluciones sin estrellas doradas
cuando los puentes levantaban sus faldas
y los caracoles trepaban por sus pilares de piedra
Hablábamos de ojos que callaban, ¿a quién mataban?
ojos que lamían de la luna que intuía sus cuerpos acuchillados,
y hacían sus bocas por la dislexia de sus lengua
cuando anochecíamos entre cables enredados en mis pelos
-Buen día por la tarde- me dijiste
- buen día por la noche- te dije.
Era un dibujo en papel arrugado de letras de palabras que se dibujaban,
que se delataban
que caminaban entra las cabezas de los fósforos y
era la esperanza de que nos dibujásemos los ombligos
para que rodaran naranjas entre los cauces de las espaldas
lejos de cada ojo
y acariciadas con el fulgor penetrante de la mirada.
Era deslizar una tela suave por tu hombro
y morderte el cuello con colmillos
de polvos viejos de palabras dichas a la marea de los ocasos
(todo es partir
en el arte de morir,
todo es temer
sobre el juego de caer)
donde entregaba mis costillas a páginas con la sangre de un cuaderno
y penetraba las piernas de los mares
por el amanecer de la garganta
hacía frío, de viento;
temblábamos
(todo es destiempo,
en el curso de los ríos)
Hablábamos de una voz de dedos arrugados de años que temblaban
por mojarnos como estábamos,
nos íbamos a mojar, susurramos
de todos modos nos mojábamos ya
(y las guerras caídas como aviones caídos de los troncos de los sueños caídos)
amanecía en mañanas imprevistas
donde caían las alas por un lamer de tinta
el ojo quieto, el ojo quieto
maquillado de impenetrado
y la muñeca descosida de su nombre que entregaba su boca
a la ocasión de los aires
y regalaba su lengua a la perplejidad de las voces
donde bailaban los cuerpos sin querer;
como se miraban arrastrados por los ríos.
Hablábamos de un pájaro de papel caído en pleno vuelo
disecado de nacimientos prometidos
en mundos corrugados de cartón
(¿o era él que nos miraba y nosotros los que caíamos?)
pañuelos en cabezas en caravanas en gitanas en carreteras en perspectiva
de fuegos de desnudos que se miran
que se tocan que se miran
que se besan que se tocan que se miran
que se entregan que se tocan que se desean que se miran
que se entregan
que se penetran
entre el agua que corre entre azulejos partidos
cuando tiemblan si tiemblan; cuando hay viento si hay viento
(y hay viento incompleto)
Hablábamos de señoritas que bailan con sus niños que cantan
cuando la selva salva los cuchillos
y los cadáveres de las flores negras que ni hablan
no me hables
no me digas
no me hables de los vientos, que de los vientos no se habla
y de la risa de sus manos de sus tiempos de su respiración vieja,
la entendíamos en el silencio del circo
cuando te arremangabas tus pieles de telas que muestran
a la luz oscura de la noche que atemoriza por su delicia
y sueltan los ríos quienes escuchan las caídas
sacudida por la boca de los mudos
y humedecida por la lengua de las voces
entre los dientes de león
desafiantes de nuestra inminente quietud
donde colgábamos las cabezas para jugar a los descerebrados-
donde nos sacábamos la ropa para jugar a los pudorosos
donde nos tocábamos las lenguas para jugar a los viciosos
que se encuentran en la tierra húmeda
y se revuelcan en las gotas resecas
de las sacudidas de una boca
que muerde el cuello
Hablábamos de amantes, pues
y perdidos entrábamos tras el vidrio
a una pulpería lejana repleta de botellas vacías
y pedíamos café;
luego, el universo.